LAS ABARCAS DESIERTAS

Miguel Hernández

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

«Viento del pueblo». En Viento del pueblo.

Publicado este poema el 2 de enero de 1937 en Ayuda, Semanario de la solidaridad, núm. 36, Madrid. El poeta colabora con la campaña de Socorro Rojo en beneficio de la infancia recogiendo donativos y juguetes.

Las Abarcas Desiertas
Feliz Noche de Reyes!!! Paz y salud!!!
Dibujos en versos

2 de enero de 1492

Romance de Abenámar

– ¡Abenámar, Abenámar,

moro de la morería,

el día que tu naciste

grandes señales había!

Estaba la mar en calma,

la luna estaba crecida,

moro que en tal signo nace

no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,

bien  oiréis lo que decía:

  • -No te la diré, señor,

Aunque me cueste la vida,

porque soy hijo de un moro

y una cristiana cautiva;

siendo yo niño y muchacho

mi madre me lo decía:

que mentira no dijese,

que era grande villanía;

por tanto, pregunta, rey,

que la verdad te diría.

  • -Yo te agradezco, Abenámar,

aquesta tu cortesía.

¿Qué castillos son aquellos?

¡Altos son y relucían!

  • -El Alambra era, señor,

y la otra la mezquita,

los otros los Alixares,

labrados a maravilla.

El moro que los labraba

cien doblas ganaba al día,

y el día que no los labra

otras tantas se perdía.

El otro es Generalife,

huerta que par no tenía,

el otro Torres Bermejas,

castillo de gran valía.

Allí habló el rey don Juan,

bien oiréis lo que decía:

  • -Si tú quisieses Granada,

contigo me casaría;

Romance de Amenábar

daréte en arras y dote

a Córdoba y a Sevilla.

  • -Casada soy, rey don Juan,

Casada soy que no viuda;

el moro que a mí me tiene

muy grande bien me quería.

Anónimo

 

SUMARIO 4. Consultorio 746. – Cervantes, verdaderamente manco?

La cultura durante el siglo XVI

FUENTE: HISTORIA Y VIDA

AÑO VI NÚMERO 62 MAYO 1973

* Revista mensual editada por Gaceta Ilustrada, S.A.

* Impreso en los talleres de «La Vanguardia»

* Director: Ramón Cunill

En su vida de Miguel de Cervantes Saavedra, publicada en Madrid en 1819 y varias veces reimpresa, Don Martín Fernández de Navarrete, aludiendo a la batalla de Lepanto, dice: ”Recibió Cervantes en tan activa refriega tres arcabuzazos, dos de ellos en el pecho, y el tercero en la mano izquierda, que le quedó manca y estropeada.” Lo mismo o algo muy semejante, escriben otros muchos ilustres biógrafos del autor del Quijote. ¿Por qué, entonces,  en El Huésped del Sevillano y alguna otra obra teatral los actores que encarnan a Cervantes salen a escena simulando que les falta el brazo? ¿Es que le cortaron dicho brazo a causa de las heridas recibidas? Creo que no. Y, por tanto, se debiera evitar el efecto deplorable de ver a Cervantes más mutilado de lo que quedó en Lepanto.

Si es que estoy en un error, les agradecería me sacaran de él.

Miguel Ortí Calvo Cuenca

 

Soldados republicanos en Belchite, recién conquistado

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SONGS AND PORTRAITS (Canciones y retratos)

Nadie sabe lo que es el campo, verde, intenso, y suavemente amplio, hasta que lo ama como a una mujer, como a algo cálido, entrañable y humano.

 

Tú que naciste de las colinas.

Criados en las colinas, amantes de las colinas.

Aunque el mundo no sea tu derecho.

Aunque tu alma se canse de males.

Esto lo sabrás por encima de otros hombres.

En las colinas encontrarás tu paz nuevamente.

Maxwell Struthers Burt

Campos de Castilla

Mañana, para agradecerles el calor con el que me han acogido, siendo yo tan aprendiz y ustedes tan maestros, sacaré de mi cajón la canción Cartas del Mar

A un tal Mr. W. H.

El Renacimiento y el Barroco son las edades europeas del soneto. Descendiendo de Dante y Petrarca, el soneto se convierte en el molde perfecto de la poesía lírica europea del momento. El soneto implica modernidad y clasicismo; espíritu refinado que se colma voluntariamente de tópicos ilustres y de imágenes elaboradas. De una concepción del amor y del estilo. La forma del soneto elisabetiano, el usado por Shakespeare, se compone de tres cuartetos y un pareado final.

El bonaerense Manuel Mújica Láinez tradujo los sonetos de Shakespeare como entretenimiento personal. Según Luis Antonio de Villena, es la traducción, con mucho, más bella y lograda de la obra, aunque incompleta, puesto que Mújica era escritor y redactor a tiempo completo.

XXXII

Si a mis días colmados sobrevives,

y cuando esté en el polvo de la Muerte

una vez más relees por ventura

los inhábiles versos de tu amigo,

con lo mejor de tu época compáralos,

y aunque todas las plumas los excedan,

guárdalos por mi amor, no por mis rimas,

superadas por hombres más felices.

Que tu amor reflexione: «Si su Musa

crecido hubiera en esta edad creciente,

frutos más caros a su edad le diera,

dignos de incorporarse a tal cortejo:

pero ha muerto; en poetas más notable

estilo buscaré y en él amor. «

Es teoría generalmente aceptada que los Sonnets (154 en total) fueron escritos entre 1593 y 1597, la primera edición que poseemos, con la misteriosa dedicatoria a un tal Mr. W. H., es de 1609

William Shakespeare

 

Salvación de la Primavera

El pasado sábado, en la sección Babelia de El País, leí una breve entrevista donde a Víctor García de la Concha le preguntaban Qué poema debería leer una persona enamorada, y contestaba «Salvación de la Primavera» De Jorge Guillén.

Así que vamos a considerar su recomendación.

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Poesía épica y clerical

El oficio de juglar consistía en entretener a la gente a cambio de una paga en dinero o en especie. Su éxito dependía de sus habilidades y de las exigencias del público. Una de sus habilidades era recitar cantares de gesta ante un auditorio (plazas, castillos) con agudeza e ingenio. El autor estaba condicionado al estamento eclesiástico.

XL

Así, con tal entender,

todos sentidos humanos

conservados,

cercado de su mujer

i de sus hijos e hermanos

e criados,

dio el alma a quien se la dio

el cual la ponga en el cielo

y en su gloria,

que aunque la vida perdió,

dexónos harto consuelo

su memoria.

 

Jorge Manrique -Coplas a la muerte de su padre-

 

 

Et in Arcadia Ego

Guercino, en 1618 pintó Et in Arcadia Ego, un lienzo donde los pastores, los grandes protagonistas de esta vida feliz en la Arcadia, se encuentran con una calavera, un aviso certero de que, a pesar de que habitan en un verdadero paraíso terrenal, la muerte existe.

Te encontré en la alameda, cuando ya la noche se desmayaba entre los árboles. Mi barco fondeó en el puerto, y yo me sentía un ciego con hambre de carne y de luz.  El cielo era un choto que lloraba, rodeándonos. Amarré tu talle al pico lacrimoso de la brisa, noté por la lengua el cuchillo de este amor que desde entonces cava en mí sus pozos. Quédate quieta, dije. No hables. Cállate. Me pareces una pastora de la jungla. ¿Dónde tengo las manos, mis manos que no siguen los renglones de los astros? Llévame hasta el arroyo, hasta la menta que crece en el bosque. Pon tu dedo en la luna y bórrala con tu hermosura de cristal y azules. Y ven después, amor, bebe mi sangre de avispero, siente los mundos que recorren mis ojos cegados por las aguas.Agolpé mis labios, tan resecos, en tu nuca, un largo naufragio. Y sucediste en mí, eras la garza submarina,eras la vida venciéndome despacio. Pelo suave, entraña suave tan cercana, entreabierta caricia. Unos dientes empedrando las sombras. Te deshice en mi piel cuando sentí tu abrazo de calor y vino llegándome hasta el fondo, tan dentro como los huesos. Eras de pan, dos sílabas desnudas habitaban tu nombre, y yo, una estatua herida por el músculo. Escarcha en la salina y pisada en la arena que se cubre de pronto de un vuelo de cenizas. Yo corrí como un río que anida en el paisaje. Estaba mi corazón ansiando tus dedos, desollado por un dolor, que nadie tiene. Estaba mi corazón así, como una fruta que mordías, como tierra de estrellas que, más tarde, tú plantaste en la vida.

ÁNGELA VALLVEY

 

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