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Verte de Nuevo

Ya no me honras reclamando mi presencia,

presencia legendaria de tu mente,

perdida en el abismo simplemente

la distancia pasa lista

y siento no tener afán de reconquista.

Vencida por la furia está mi calma

posible es que mi vida esté vacía,

donde hubo tu presencia hay una herida

y siento no tener poder para curarla.

He vuelto a ese mar de la agonía,

en su puerto me quedaré a esperarte.

He vuelto a perderte en la bahía

y siento no tener valor para buscarte.

Yo, presencia legendaria de tu mente, atrás vuelvo la vista, anhelando tu grata compañía, al no tener afán de reconquista, no tengo tu brutal anatomía.

Flor Ka

👀 VERTE DE NUEVO 👀🍎 LA HERIDA DEL PECADO 🍎🌹💀 FLOR KA 🌹💀💌 CARTAS QUE NUNCA LEERÁS 💌#cartasquenuncaleeras#flor_ka#poesíarota#poetry#haymuchoquereseñar

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LEO

Clarissa

Samuel Richardson

De la Historia de Clarissa Harlowe

El señor Lovelace al caballero John Belford

M. Hall, jueves 14 de septiembre

Desde el fatal siete de este mes, estoy perdido para mí mismo y para todas las alegrías de la vida. Podría remitirme a una fecha anterior a ese fatídico día siete, en cuyos futuros aniversarios vestiré luto; sólo que hasta ese aciago día yo aún abrigaba alguna chispa de esperanza.

Me han hablado de una extraña carta que te escribí. Recuerdo que escribí, pero apenas recuerdo el contenido.

He estado en pésimo estado. Creo que algo me ha sometido a extrañas represalias. Nunca cometí la necedad de ignorar las señales de la Providencia, pero no soy partidario de ver un juez en todo lo que parece poseer un semblante negativo. No obstante, si hemos de ser castigados aquí o en el otro mundo por nuestras malas acciones, mejor aquí, digo yo, que en el otro mundo. ¿No tengo interés, pues, en creer que mi castigo no sólo ha comenzado sino que está concluido, puesto que lo que he sufrido, y sufro aún, supera toda descripción?

Por dar un solo ejemplo de represalia, yo, que por una semana fui la bárbara causa de la pérdida del juicio para la más inimitable de las mujeres, he sido castigado con la pérdida del mío, como antesala de quién sabe qué. ¿Cuándo, oh, cuándo conoceré una hora dichosa?

Siento un gran decaimiento, pero ante todo yo he decaído. La carta póstuma de esta dulce criatura me ronda. Todas sus virtudes se elevan hora tras hora en mis remembranzas.

Mas no me atrevo a demorarme en estas reflexiones melancólicas. Mi mente vuelve a desbocarse. ¡Pluma, adiós!

Viernes 15 de septiembre

Recomienzo, espero que de mejor ánimo. Mowhray y Tourville acaban de…

¿Pero qué importan Mowhray y Tourville? ¿Qué es el mundo? ¿Qué son sus habitantes?

Están muy exasperados contra ti, por la última carta que les escribiste, una misiva tan hostil, tan despiadada…

¡Es inútil! Una vez más debo dejar mi pluma. ¡Oh Belford, Belford! ¡Todavía estoy totalmente ausente de mí mismo! ¡Nunca volveré a ser lo que era!

Sábado, domingo. No he hecho nada. Soy incapaz de nada.

Lunes 18 de septiembre

¡Totalmente apesadumbrado y abatido por Júpiter! Debo tomar medidas. Debo ver lo que logrará el cambio de clima.

     Les dices a estos sujetos, y a mí, que debemos arrepentirnos y reformarnos, pero yo no puedo hacer ninguna de ambas cosas. Si alguien puede hacerlo, es porque no debe responder por la extinción de una Clarissa Harlowe. ¡Harlowe! Maldito sea ese apellido. Y maldito sea yo por no haberlo cambiado cuando pude. Pero no es preciso invocar una maldición  para mí mismo. Ya la estoy sufriendo.

“Pensar que lo distinguía a usted con mi preferencia.” En qué rígido lenguaje se expresa el pudor doncellesco en estas gratas ocasiones. Pensar que lo amaba a usted… he aquí la expresión más natural, y hay en ella verdad y soltura. “Pensar que lo amaba a usted”, digámoslo así, “esa es mi posesión y mi rubor”.

Y vaya que es cierto. Excelente criatura. Y aún es así. ¡Cuánta música en estas palabras de un ángel! ¿Qué no daría porque mi Clarissa aún existiera y pudiera afirmar que soy su posesión?

“Mas en verdad, señor, he estado largo tiempo muy por encima de usted.”

Largo tiempo, mi encanto. Largo tiempo, pues siempre has estado por encima de mí, y por encima de tu sexo, y por encima de todo el mundo.

“Esa preferencia no se basaba en motivos innobles.”

Qué desdichado fui, tan distinguido por ella, pero tan indigno de su esperanza de reclamarme.

¡Y qué generosos sus  motivos! No sólo ansiaba reclamarme por su propio bien, sino por el mío, y por el bien de inocentes que de otro modo serían arruinados por mí.

¿Pero por qué escribió esta carta, y por qué pidió que se me entregara cuando hubiera ocurrido un acontecimiento nefasto, sino por mi bien, y con miras a salvaguardar a inocentes que ella desconocía? ¿Y cuándo escribió esta carta? ¿No fue acaso en el mismo momento en que yo la perseguía de lugar en lugar, cuando su alma se encorvaba bajo la calamidad y el hostigamiento, e implacables parientes le negaban el perdón?

¡Criatura exaltada! ¿Acaso podías, en esa época, tan prematuramente, en tales circunstancias, aplacar tus justos resentimientos al extremo de desear felicidad al principal autor de tus angustias? ¿Desear felicidad a quien te había privado “de tus aspiraciones predilectas en esta vida”? ¿A quien fue causa de “que fueras segada en la flor de la juventud”?

¡Mujer angelical! ¡Cuánta nobleza habría en ti para que usaras la palabra solamente al mencionar estas importantes privaciones! Y si esto fue antes que perdieras la mortalidad, bien puedo presumir que ahora con ojo compasivo, sin distraerte de tu perfecto júbilo, miras el cielo que te rodea, y me deseas el bien.

“Reflexiona sobre mi conducta.” ¡Querida vida de mi vida! ¿De qué sirve eso ahora, cuando he perdido a mi querida criatura, la única que merecía mi reflexión? La he perdido de modo irrecuperable, tragada por la hambrienta tumba, perdido para siempre.    

TO BE CONTINUED

A LA HOGUERA


No sé quién eres.
Sé que no te nombro por dentro.

No sé quién eres.
Sé que no me ahogo en lamento.

No sé quién eres.
Sé que no miento.

No te añoro.
No te siento.
No busco tu encuentro.

Creí una vez que eras tú
quien me alentó una mañana,
vistiéndome con la luz
que entró al abrir la ventana.

Bah, mi llanto no es verdadero,
ni recuerdo que lo fuera,
mas si algún día fue sincero
sin dudar lo eché a la hoguera.

El caso es que me dolía
una despedida.
Sería tu ausencia,
o pudo ser la bebida.

Pudo ser que ocuparas mi existencia
justo cuando esta se hundía en lodo.
Pudo ser que mataras mi inocencia,
pudo ser y lo fue, en cierto modo.

El caso es que mi llanto
es falso por completo.
No diré que en tu encanto
no sentí amor repleto…

Pues mentiría.

Pero no sé quién eres,
con lo cual, no sé
qué te quería.

GRACIAS

La Ventanera

Después de “echar mis versos del alma” que diría José Martí en boca del gran José Fernández Díaz, estoy desempolvando esta novela que lleva mucho tiempo en el cajón; una novela donde en forma de “impresiones reales o no, se abre una cueva oscura. ¿Se atreverán a entrar Olalla y Pablo?

No te pierdas los primeros capítulos y no dejes de difundirlos en RRSS, ahora más que nunca, gracias por tu apoyo.

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HOMENAJE A ESPADAÑA

FERMÍN

 
Y murió como el pájaro, cantando.
Posándose en la cumbre huracanada.

Alcurnia de la vida, contemplando.
La misma que le dio todo por nada.

Y llenó de valor su alma, errando.
Fue un llanto de guitarra su tonada.

Que nació del arrullo y en su lecho
las alas dejó atadas a su pecho.
 

DISCURSO DE EVA

#8M El feminismo tiene muchas formas de manifestarse, por ejemplo, la valentía de proclamarse enamorada, la osadía de reclamar su amor. Flor Ka

                                       DISCURSO DE EVA        

Hoy te saludo brutalmente:

con un golpe de tos

o una patada.

¿Dónde te metes,

a dónde huyes con tu caja loca

de corazones,

con el reguero de pólvora que tienes?

¿Dónde vives:

en la fosa en que caen todos los sueños

o en esa telaraña donde cuelgan

los huérfanos de padre?

Te extraño,

¿sabes?

Como a mí misma

o a los milagros que no pasan.

Te extraño,

¿sabes?

Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,

de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?

Tengo una prisa por jugar a nada,

por decirte “mi vida”

y que los truenos nos humillen

y las naranjas palidezcan en tu mano.

Tengo unas ganas de mirarte al fondo

Y hallar velos

y humo,

que, al fin, perece en llama.

De verdad que te quiero

pero inocentemente,

como

la bruja clara donde pienso.

De verdad que no te quiero

pero inocentemente,

como el ángel embaucado que soy.

Te quiero,

no te quiero.

Sortearemos estas palabras

y una que triunfe será la mentirosa.

                                           Amor…

(¿Qué digo? estoy equivocada,

aquí quise poner que ya te odio.)

¿Por qué no vienes?

¿Cómo es posible

que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?

¿Cómo es posible que seas austral

y paranoico

y renuncies a mí?

Estarás leyendo los periódicos

o cruzando

por la muerte

y la vida.

Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,

inerte,

desgraciado,

entreteniéndote en una aspiración de luto.

Y yo que te deshielo,

que te insulto,

que te traigo un jacinto desplomado;

yo que te apruebo la melancolía,

yo que te convoco

a las sales del cielo,

yo que te zurzo:

¿qué?

¿Cuándo vas a matarme a salivazos,

héroe?

¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?

¿Cuándo?

¿Cuándo vas a llamarme pajarito

y puta?

¿Cuándo vas a maldecirme?

¿Cuándo?

Mira que pasa el tiempo,

el tiempo,

el tiempo,

y ya no se me aparecen ni los duendes,

y ya no entiendo los paraguas,

y cada vez soy más sincera,

augusta…

Si te demoras,

si  se te hace un nudo y no me encuentras,

vas a quedarte ciego;

si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,

voy a llamarme nunca.

Ayer soñé que mientras nos besábamos

había sonado un tiro

y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.

Éste es un amor

de nadie;

lo encontramos perdido,

náufrago,

en la calle.

Ente tú y yo lo recogimos para ampararlo.

Por eso, cuando nos mordemos,

de noche,

tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.

Pero no importa,

bésame,

otra vez y otra vez

para encontrarme.

Ajústate a mi cintura,

vuelve;

sé mi animal,

muéveme.

Destilaré la vida que me sobra,

los niños condenados.

Dormiremos como homicidas que se salvan

atados como una flor incomparable.

Y a la mañana siguiente cuando cante el gallo

seremos la naturaleza

y me pareceré a tus hijos en la cama.

Vuelve, vuelve.

Atraviésame a rayos.

Hazme otra vez una llave turca.

Pondremos el tocadiscos para siempre.

Ven con tu nuca de infiel,

con tu pedrada.

Júrame que no estoy muerta.

Te prometo, amor mío, la manzana.

II

 
 
 
 II
  
 Noches al pie del cañón
 guardo en un viejo cajón.
 Noches guardo de madera,
 quemarlas todas quisiera.
 Por haber sido cobarde
 ese cajón ya no arde.
 Por haber echado tierra
 ese cajón ya no abre...
 Ni cierra. 

Alfonsina Storni, la amiga del mar

Alfonsina Storni (1892-1938) Se arrojó al Mar de Plata con 46 años

Apenas con cuatro años llega a Argentina desde el sur de Suiza. Pobre y con un padre alcohólico y violento, a los diez años friega la loza del café donde trabajan sus hermanos y su madre. Pasa años en un taller de costura.

A los quince sustituye a la actriz de una pequeña compañía que está de paso y, con el apoyo de su madre, sale de gira por el país. Después de haber sufrido acoso sexual por parte de un cacique, decide volver a Santa Fe y comienza estudios de Magisterio. Para poder pagarlos trabaja de celadora en la misma escuela, pero el dinero no llega y los fines de semana viaja a Rosario donde actúa y canta en un tabladillo cabaretero. Funda el Comité Feminista de Santa Fe.

Ya ejerce de maestra rural y ha publicado algún poema en la prensa local cuando asume el compromiso del embarazo. Decide ser otra en otro lugar, extranjera en Buenos Aires. Es mujer y quiere ser escritora sin dejar de ser mujer. La supervivencia es muy dura, pero ama la soledad y a su hijo a punto de nacer. Después de trabajos ocasionales es responsable de un Hogar para Huérfanos Belgas llegados a Argentina durante la invasión alemana.

Madre soltera, extranjera, un trabajo difícil, para aliviar tanta tensión acude a la poesía amorosa, dice “para no morir”. En 1918 empieza a ser reconocida como poeta. La invitan frecuentemente para recitar sus poemas en locales socialistas, bibliotecas de barrio, modestas salas de teatro. Muchas mujeres acuden a escucharla.

Publica cuatro poemarios en cinco años, escribe febrilmente, casi con desesperación, en los cafés, en el tranvía, entre clase y clase. Uno tras otro nacen sus poemas, los pule, los retoca, revisa los detalles, por eso casi siempre está cansada.

https://www.cervantes.com/libro/9788467010565/alfonsina-storni-mi-casa-es-el-mar/

http://flor-ka.com/2020/09/21/alfonsina-storni-alma-desnuda-analisis-y-propuesta-didactica-leer-y-escribir/

Ábreme con cuidado

Emily Dickinson (1830-1886)

Esto es todo lo que tengo para traer hoy –

Esto, y mi corazón al lado –

Esto, y mi corazón. Y todos los campos –

Y todas las amplias praderas –

Estate segura de que cuentas – si yo lo olvidara

Alguien podría decir cuanto suman –

Esto, y mi corazón, y todas las Abejas

Que en el Trébol moran.

Emily Dickinson

Ábreme con cuidado es una frase que la poeta escribió en una carta dirigida a Susan, de modo que estas fueran las primeras palabras que ella encontrara al abrirla, una invitación a acercarse con delicadeza a aquello que se ama. La relación que mantuvieron las dos mujeres desde la adolescencia hasta la muerte fue la savia de su vida y de su obra.

Nació en un pequeño pueblo agrícola de Nueva Inglaterra en una casa que todavía se puede visitar, rodeada de viejos árboles. En ella (donde también murió) la poeta ocupaba la habitación de la esquina, tenía dos ventanas en dos orientaciones, una de ellas con vistas al camino que llevaba a la casa de Susan. Se trataba de una habitación propia pues allí escribió su obra, en una mesa pequeña con un cajón, a salvo de interferencias no deseadas, y allí fue guardando sus poemas cuidadosamente. Su soledad se veía interrumpida a veces por la presencia incorpórea de escritoras que Emily había conocido, única pero íntimamente, a través de la lectura de sus obras y a las que ella amaba y admiraba: Elizabeth Barret Browning, Charlotte Bronte y sus hermanas, Elizabeth Barret Gaskell o George Elliot. A pesar de haber permanecido siempre en el mismo lugar y de haberse relacionado con pocas personas, la sensación de infinitud, de eternidad que transmite su obra, escrita desde su habitación, es una lección sobre su grandeza que fue capaz de albergar el mundo entero en su interior, o mejor, de ser simplemente el mundo.

Después de su muerte su hermana Lavinia encontró en su habitación un baúl con cuarenta cuadernillos cuidadosamente cosidos que contenían 888 poemas que ella había corregido, pasado a limpio y seleccionado con su propio plan editorial.

De todos los poemas que escribió sólo una docena se publicaron durante la vida de la autora, todos ellos anónimos y con correcciones que introdujeron sus editores para, según ellos, mejorarlos. Aunque ella les había manifestado con gran sentido del humor que no estaba dispuesta a cambiar su forma de escritura: “Piensa que mi ritmo es espasmódico -estoy en peligro- Señor -Piensa que soy una incontrolada- no tengo Tribunal”.

Gracias a Ana Mañeru Méndez que escribió y tradujo los poemas de Emily Dickinson en esta hermosa biografía de Biblioteca de Mujeres de Ediciones de Oro.

I’m nobody! Who are you?

Are you nobody, too?

Then there’s a pair of us, don’t tell!

They’d advertise, you know.

How dreary to be somebody!

How public, like a frog

To tell one’s name the livelong day

To an admiring bog!

No soy nadie! ¿Y tú, quién eres?

¿Tampoco eres nadie, tú?

Entonces, eso nos hace una pareja -¡no lo digas!

Ellos nos expulsarían, ya sabes.

¡Cuán deprimente A una ciénaga que te admira!

es ser alguien!

¡Cuánta publicidad, como si fueras una rana

Decir tu nombre durante todo el día.

https://lyricstranslate.com

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