El hombre libre y sus sombras Francisco Alonso Fernández

La propensión del genio a convertirse en un enfermo mental es estimulada por una serie de factores inherentes a su vida, como la lucha contra las normas y la amplia serie de esfuerzos y sacrificios personales implicados en el trabajo creativo, así como el trato poco comprensivo que suele recibir de los demás. El propio proceso creador exige un profundo esfuerzo espiritual, anímico y vital que muchos genios latentes no son capaces de soportar sin sucumbir en el desequilibrio.

El riesgo de trastorno mental alcanza su máximo exponente entre los creadores literarios. Con ello no excluimos el sentido positivo y hasta terapéutico implicado algunas veces en el proceso creador, y no se trata sólo de que grandes creadores como Beethoven y Kafka hayan encontrado en la creación las mágicas alas precisas para remontar el riesgo suicida, sino que incluso el enfermo depresivo, al dar una forma externa a sus vivencias, puede sentirse un tanto aliviado del tormento proporcionado por los síntomas de la enfermedad.    

Francisco Alonso Fernández

Una vez admitida la vulnerabilidad mental del genio se erige aquí como nuestro problema central el influjo frenador o activador ejercido por la perturbación mental sobre sus dotes creativas.

En la escala de los genios afectos de perturbación mental figuran dos sectores contrapuestos: los que fueron creadores a pesar de su alteración psíquica y los que fueron y los que fueron gracias a ella. Ambas series culminan, respectivamente, en una representación extrema: el genio roto por la psicopatología y el genio alumbrado por el trastorno mental.

Hemos de reconocer con relación a los extremos consignados la supremacía numérica y representativa de la psicopatología destructora sobre la psicopatología descubridora. Abundan tanto los genios aniquilados o rotos por el trastorno mental como escasean los enfermos mentales convertidos en genios.

Los genios más pronto invalidados por el impacto del trastorno mental son los pertenecientes a la estirpe de los científicos, los arquitectos y los filósofos.

Entre ellos se encuentran no sólo los creadores más fácilmente destruidos por el soplo de la enfermedad mental, sino, al mismo tiempo, los que cuentan en sus filas con una proporción menor de enfermos psíquicos y de actos suicidas. Más resistentes que ellos a la acometida de la psicopatología son los genios narradores, en cuya agrupación prolifera el trastorno mental y el suicidio en mayor proporción que en ningún otro sector de los grandes hombres.

Los creadores que conservan durante más tiempo la actividad propia sin dejarse anular por el influjo de la desorganización mental se reclutan entre los músicos, los pintores y los poetas. Para Platón, resultaba inútil que un hombre de juicio entero llamase a las puertas de la poesía.

La mayor resistencia de la creatividad poética a la desorganización mental viene dada por constituir la poesía uno de los géneros creativos más profundamente anclados en el sector inconsciente e irracional de la personalidad. A la presencia de este mismo dato en los pintores y los músicos, aunque no con la acentuación tomada en los poetas, se debe la sólida defensa ofrecida por su actividad ante el embate de su trastorno mental.

La recuperación del equilibrio mental y la adaptación social obtenidas con el tratamiento adecuado para la alteración psíquica, suele ejercer un efecto positivo sobre la creatividad. Esta norma general encuentra una de sus excepciones más sonadas, aunque transitoria, en los alcohólicos creadores situados en la etapa inicial de la adicción al alcohol, por ellos vivida como una apoteosis y una liberación exaltadora de la creatividad.

De todos modos, al cabo de algunos meses o años de abandonar el alcohol suele resurgir en el alcohólico vuelto abstemio el potencial creativo anterior, incluso reforzado, confirmando la ley general del paralelismo existente entre la función de la libertad razonadora y la capacidad creativa.

— El amigo poeta… —

El amigo poeta que bordaba
sonetos y claveles encendidos
con fuerza y con pasión incomprendidos
marchose a su final cuando esperaba

que el nardo y la azucena le dijeran
el secreto de amar calladamente…
manteniendo en su soñar discretamente
el arcano misterio que le dieran…

Ni la espina ni el dolor pudieron
apartarlo de su afán perenne:
enfrentarse un día con la muerte

y entregar las virtudes que le dieron
en sus versos de belleza indemne
con que incendió su ya encendida suerte…

Marcelino Canino Salgado

Publicado por Flor Ka

El poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte, y, cuando está vivo, camina con un pie en la tumba. Eso produce una especie de cojera que da a su aspecto cierto encanto. JEAN COCTEAU

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: